¿Os habéis planteado alguna vez salir a daros una ducha o incluso
un baño al aire libre?
Suena raro, verdad. Y no por nada, pero creo que la mayoría de
nosotros recibimos una educación que nos ha creado ciertos complejos de los
cuales es difícil de salir.
Pero asearnos al aire libre no implica sacrificar
precisamente nuestra intimidad.
Pensad únicamente en el placer que te puede producir una
ducha o un baño afuera y encima rodeado de plantas, arboles, flores – envolviéndote
en un baño de perfumes y colores frescos simultáneamente. Parece un cuento,pero no
lo es. La verdad que, sobre todo en los países nórdicos, donde el invierno es
largo, gélido y te tiene totalmente atrapado en casa más de 7-8 meses al año,
un baño afuera apetece y por eso son muy comunes por allí y las llaman – DUCHAS
DE VERANO. Un nombre que corresponde al periodo de uso de estas duchas.
Y os aseguro que están
muy solicitadas. No creo que haya ni una casa de campo de que no la tuviera. Yo
todavía me acuerdo de la ducha de mi abuela. Solíamos veranear casi todos los años
en la casa de campo de ella, donde todo era mágico, bonito y donde todas las
noches nos dábamos un buen fregado debajo de la ducha; jugando, chillando y a veces incluso cantando. Que tiempos tan añorados,
tiempos de nuestra preciosa infancia…
Y, aquí, tenéis unas cuantas ideas como montarte una. Creo que merecen la pena; eso si - si te lo puedes permitir.
¿Qué os parecen? A mi me vuelven loca; me pido una ya.
Fuente imágenes: Pinterest
KOKOA



















No hay comentarios:
Publicar un comentario